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Después de una primera toma de contacto en Honolulu, cogimos un avión hacia la isla de Hawaii (Big Island). Es la más grande del archipiélago y en ella existen doce zonas climáticas distintas Así que podéis imaginaros las ganas que teníamos de vivir una aventura diferente cada día. ¿Quién se apunta a descubrirla con nosotros?

Teníamos reservado un alojamiento en la región de Volcano. Un pequeño apartamento en la planta alta de una casa en cuya planta baja vivían nuestros anfitriones. La finca estaba en un distrito lleno de vegetación tropical, pero nos dieron unas indicaciones tan precisas que no tuvimos ningún problema en encontrar la que iba a ser nuestra guarida durante 3 días y medio. Cuando nos mostraron el alojamiento nos faltaron palabras felicitar al dueño que, al parecer, era contratista y había construido toda la casa. Definitivamente habíamos acertado en la elección.

Diluviaba, así que nos acercamos con el coche a una tienda cercana donde compramos algo de comida para esos días y ya de paso picamos algo. Nuestra primera tarde la pasamos en la terraza del alojamiento disfrutando de las vistas del precioso jardín de nuestros anfitriones y simplemente respirando calma..

DÍA 1. UN CUMPLEAÑOS MUY ESPECIAL

Madrugamos y aprovechamos para acercarnos a nuestro primer destino: Kealakekua Bay. Además de ser un importante lugar de conservación de vida marina, su historia nos cuenta que fue allí donde el primer occidental, el capitán James Cook, desembarcó por primera vez en las Islas de Hawaii. Y un obelisco en la orilla nos recuerda que un año después falleció en una revuelta con los nativos de la isla. Pese a la lluvia, a la que ya nos habíamos habituado, nos plantamos nuestras gafas y tubos de Snorkel y perdimos la noción del tiempo observando los peces tropicales que habitaban en la bahía y los corales que los rodeaban. Las corrientes de agua estaban algo fuertes y había que nadar con precaución para no acabar arrastrado hacia las rocas pero aun así, nuestro momento disfrute no se vió empañado y para muestra las fotos que pudimos tomar dentro del agua.

Y cómo se nos había echado el tiempo encima, decidimos hacer una parada en Buba Gump que, por aquel entonces estaba ubicado en Kailua-Kona. Nos encantó su ubicación porque comer frente al mar y junto a las rocas, pese a que ya sabéis que la comida no es nada especial, no se hace todos los días 😉

Al cierre de estas líneas he confirmado que esta cadena americana ya no está en Big Island pero en la zona podréis encontrar otros locales con vistas al mar que, seguro, no defraudan.

Y con el estómago lleno, fuímos en busca de Punaluu Beach. Ya sólo el trayecto mereció la pena. Los buzones típicos americanos nos iban recibiendo en cada km recorrido y no sabría decir con cuál me habría quedado.

Además, cuando llegamos, no había mucha gente y en el momento en que pisamos su peculiar arena negra nos topamos con una de las tortugas que frecuentan la playa. No soy experta y no sabría distinguir de qué especie se trataba, pero habíamos leído que solían habitarla las tortugas carey y las tortugas verdes. Siempre respetando las distancias, pudimos hacerles unas fotos dignas de postal. El entorno era espectacular y, al parecer, la habitan varias especies en peligro de extinción

¿Qué más podíamos pedir? Pues rematar el día de mi cumpleaños en una cena frente al volcan Kila’uea recomendado por nuestra anfitriona y que fue la guinda de un día lleno de emociones. El restaurante se llama The Rim y sus grandes ventanales nos mostraban la caldera y el reflejo anaranjado de la lava una vez anochecido. Cuando le dijimos a la maitre que éramos de España le parecimos exóticos, jajaj. Exactamente lo mismo que pensábamos nosotros de aquel lugar 🙂

Las fotos que veréis bajo estas líneas no están tomadas desde el restaurante sino desde el mirador Kilauea porque no sacamos ninguna instantánea allí. Pero damos fe que las vistas son realmente parecidas. ¡Juzgad por vosotros mismos!

DÍA 2. DESCUBRIENDO EL PARQUE NACIONAL DE LOS VOLCANES

Amaneció lloviendo, pero eso no impidió que nuestras ganas por explorar el P.N. de los Volcanes, declarado Reserva de la Biosfera, se redujeran.

Como nuestro alojamiento estaba relativamente cerca, no madrugamos mucho y pusimos rumbo con nuestro coche de alquiler hacia el Centro de visitantes para coger indicaciones del recorrido a realizar ese día. Ya llevábamos preparadas varias rutas, pero preferíamos comenzar allí y así los guardas forestales podrían aconsejarnos alternativas.

Decidimos, finalmente, iniciar nuestro recorrido en Thurston Lava Tube y continuar por el Chain of Craters Road donde poder ir a nuestro ritmo y disfrutar de vistas panorámicas de quitar el hipo. Ciertamente el recorrido es impresionante y las fotos no hacen justicia a la realidad que pudimos ver allí; Campos devastados por la lava de hace años donde la vida comienza a florecer tímidamente o la Garganta del Diablo donde lo que empezó como un pequeño cráter, su profundidad va aumentando lentamente cada año.

Paramos en miradores donde poder contemplar varios cráteres y casi al final del recorrido, llegamos al Pu’u Loa Petroglyph Field donde aún se conservan grabados rupestres realizados encima de la lava solidificada.

Todo aquello que vimos en la carretera fue espectacular y cuando se cortó en el kilómetro 18,3 porque la lava, consecuencia de una nueva erupción, había bloqueado el paso, llegamos a Holei Sea Arch. Este tipo de arco del Mar formado por tubos de lava que erosionan durante años, al parecer, tiene una vida limitada porque finalmente llegan a desmoronarse. Así que fuimos unos afortunados por poder contemplarlo.

La lava que cortaba la carretera, formaba un amplio campo cuyo final no lográbamos ver. Nos preguntábamos cómo podríamos adentrarnos y disfrutar de uno de los espectáculos que nos muestran el poder de la naturaleza, pero habíamos leído que no convenía adentrarse en un campo de lava sin guía y sin conocer el lugar porque podría ser peligroso. Con ese pensamiento en nuestras cabezas volvimos sobre nuestros pasos. El camino era fácil, marcha atrás y carretera y manta 🙂

Ya había despejado y nos animamos a terminar nuestra jornada en el mirador Kilauea. Las vistas desde allí del cráter Halema’uma’u nos dejaron sin palabras; Creo que no soltamos el disparador de la cámara durante un largo rato, y es que nunca habíamos estado tan cerca de ¡un volcán en activo!

Antes de volver a nuestro alojamiento, nos desviamos hasta las Akaka Falls, de 135 metros de altura y una de las cascadas más famosas de Hawaii. El camino hacia allí es muy accesible y las vistas desde los miradores bien merecen la pena el paseo. Además, paramos en un pueblo muy pintoresco y típico de la zona que hizo nuestra visita aún más entrañable.

DÍA 3. UN DÍA INOLVIDABLE

Teníamos planificada la mañana para hacer uno de los trekking en el PN de los Volcanes y nos decidimos por el Kilauea Iki Trail. El recorrido no pudo ser más entretenido.

El inicio de la ruta se ubica en un bosque tropical donde apenas ves el cielo y continuabas en una pequeña bajada hacia el cono Pu’u Puai formado por la erupción del volcán en 1959. Cuando estás caminando por allí y piensas que hace tan solo unos años, lo que tienes a tus pies era lava, no puedes, sino que disfrutar de la inmensidad de la naturaleza. El trayecto es muy sencillo y puede hacerse sin problemas con niños. De hecho, nos cruzamos con algunas familias haciendo la ruta.

Escribiendo estas líneas y leyendo en internet, he comprobado que ese camino circular que hicimos en 2013, ya no existe y sólo hay uno ida y vuelta por la nueva erupción surgida hace unos años. Esta isla es tan cambiante que “el aquí y del ahora” está siempre presente.

Antes de dirigirnos a nuestro apartamento para reponer fuerzas, hicimos un alto en el camino en los ‘Sulphur Banks’, muy cerca de la galería de Arte Volcano. Todos aquellos que hayan estado en alguna zona volcánica entenderán el hedor que allí se respiraba pese a estar al aire libre. Estas fisuras donde se visualizan depósitos de azufre de un color amarillo brillante permiten al Kilauea liberar gases sulfúricos. Curioso, pero para mi gusto prescindible si no se dispone de mucho tiempo en el Parque.

Nuestra última tarde en la isla nos dejaba tiempo para la improvisación. Queríamos ver la lava caer al mar, pero yo tenía serias dudas; En los foros viajeros hablaban de una mujer que hacía rutas por encima del campo de lava, pero también advertían que se fuera con precaución, la lava solidificada podía jugar malas pasadas y dependiendo del grupo que te tocara, podías quedarte atrás. Además, decían que si la noche se te echaba encima o había llovido la complicación era aún más. Había que llamarla por teléfono. Era la única vía. Hablamos de 2013, donde Instagram, los blogs viajeros y la sobre información aún no habían hecho presencia en nuestras vidas. Fue una decisión improvisada. Cogimos el coche y nos dirigimos al Sur, sin llamar a la ‘conocida’ mujer y pensando en que quizás por esa zona, podríamos seguir a alguien o preguntar por dónde ir para conseguir nuestro objetivo.

Esperábamos encontrarnos un pueblo al final de la carretera (Kalapana) pero apenas había edificaciones con mucho rollo surfero por su cercanía al mar. Nos asomamos a la playa y seguíamos sin tener claro qué hacer. Cuando ya nos estábamos dando por vencidos, pasamos por un pequeño local donde ofrecían ‘excursiones’ para ver la lava. ¡Bingo! Era el momento de decidir si lo hacíamos. Óscar lo tenía claro, pero yo me movía entre la incertidumbre de poder seguir el ritmo del grupo y el miedo por todo lo que había leído. Después de preguntar al chico si había disponibilidad y si el paseo tenía mucha dificultad, algo en mi interior me dijo que era ahora o nunca. Así que una hora después estábamos montados en un todoterreno con una pareja de canadienses. De camino a nuestro destino pudimos ver casas construidas en medio del campo de la lava; Un pueblo que comenzaba a renacer de sus cenizas. Nos llamó mucho la atención que alguien quisiera vivir allí, en medio de la nada. Supongo que hay que nacer y vivir en Big Island para entenderlo.

El coche nos dejó en lo que parecía ser el inicio de nuestro recorrido y los 4 junto con nuestro guía, emprendimos la caminata. Teníamos tantas ganas e ilusión por vivir esa aventura que el camino, pese a las múltiples subidas y bajadas, no se nos hizo pesado. Paramos un par de veces a hidratarnos y cuando nos quisimos dar cuenta allí estábamos, frente al mar. Había un pequeño grupo haciendo fotos y poco a poco nos acercamos a lo que sería una de las experiencias más alucinantes que hayamos vivido. La fuerza de la naturaleza frente a nosotros, ese fuego que salía de la tierra para caer al océano y poco a poco ganarle terreno, se quedó grabado en nuestras retinas para siempre. El viento impidió que pudiéramos acercarnos unos metros más allá para ver de cerca la lava fluir de la tierra. Fue nuestra pequeña espinita, ésa que tienes que dejarte siempre, para soñar con volver. 🙂

Volvimos al atardecer. Con el Sol cayendo a nuestras espaldas y a paso ligero, tuvimos que echar mano de las linternas que nos proporcionaron y finalmente nos despedimos de un simpático guía hawaiano que tenía pensado visitar la exótica España al año siguiente como estudiante. ¿Cumpliría su sueño?

Y con esta experiencia de 10 llegamos al final de nuestra aventura en la isla más grande de Hawaii. Nos Había puesto el listón muy alto pero nuestro siguiente destino, Kauai, no estaría exenta de lugares sorprendentes…

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