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En 2013 celebrábamos nuestro décimo aniversario y queríamos celebrarlo conociendo un lugar con el que llevábamos tiempo soñando: ¡Hawaii! Pero antes de relataros nuestras aventuras por estas islas, dejadme que os cuente como fue nuestro paso por el lugar que decidimos utilizar como enlace: Chicago. Dudamos entre San Francisco y la ciudad ventosa. Pero la primera ya la conocíamos y de la segunda nos habían hablado maravillas, así que ¿por qué no darle una oportunidad? Ahora sólo queda que juzguéis por vosotros mismos 😉

DÍA 1.

Aterrizamos un sábado de julio y casi sin tiempo para aclimatarnos, dejamos las maletas en nuestro alojamiento y nos dirigimos a explorar la ciudad. Elegimos Acme hotel por su céntrica situación y acertamos de lleno. Durante nuestra estancia allí no utilizamos el transporte público porque todo estaba bastante accesible. Además, se trataba de un hotel pequeño decorado con mucho gusto y con muy buen rollo.

Los edificios de Chicago nos dieron la bienvenida mostrándonos su mejor cara. Inevitable hacer comparaciones con nuestra adorada NY, donde la distancia entre los rascacielos es menor y cuesta apreciar más su arquitectura. Aquí, todo nos pareció más nuevo y las calles del centro nos sorprendieron por su amplitud y limpieza. Después de un agradable paseo, llegamos a Navy Pier, y nuestra primera impresión no defraudó. Nos recordó un poquito al muelle de Santa Mónica (salvando las distancias, claro) y había ambientazo. Tengo que decir, que somos unos apasionados de este tipo de muelles y francamente nos encantó recorrerlo y comenzar a descubrir la ciudad desde aquí. Un buen amigo nos había recomendado coger un barco allí mismo y recorrer el centro conociendo algo más de la historia y la arquitectura de Chicago. Y bueno, ciertamente acertó. No dudaría en repetirlo si volviera.

Impresionados por todo lo aprendido, nos asomamos a Olive Park y decidimos regresar al hotel para descansar y cenar en Hard Rock – ¡si es que ya sabéis que allá donde hay uno, allí vamos!

DÍA 2.

La mañana del domingo la teníamos planificada para visitar el área de The Loop (en el distrito financiero de Chicago) porque nuestro objetivo, la torre Willys, se encuentra ubicada allí. Fuimos pronto para encontrarnos la menos gente posible y la verdad es que no esperamos demasiado para hacer la fila y sufrir un poco de vértigo en los cubos de cristal salientes. Las vistas desde la planta 103 son espectaculares, sobre todo, en un día despejado como el de aquella mañana.

Cuando terminamos nuestra experiencia en la Torre, exploramos la zona y pareció que nos teletransportábamos a los años 20. Los edificios, los teatros, todo nos recordaba al decorado de cientos de películas de gansters donde la Ley Seca imperaba.

Y después nos dirigimos a Millenium Park. Este parque tenía tanto que ofrecernos que decidimos tomárnoslo con mucha calma y recorrerlo con el tiempo que se merecía así que os podéis imaginar que nuestra visita, no fue sólo para un día.

Estábamos deseando conocer ‘The Cloud Plaza’ donde se encuentra ubicada la archiconocida escultura Anish Kapoor: The Cloud Gate. Obviamente no estábamos solos para descubrirla, pero no había demasiada gente y perdimos la noción del tiempo recorriéndola en todos sus ángulos y haciéndo cientos de fotos. Y como teníamos planificado volver otro día, con el ‘see you soon’ en la boca, seguimos paseando por este espectacular parque que cuenta, entre otros, con un pabellón de conciertos al aire libre (diseñado con mucho mimo por el arquitecto Frank Gehry) y la obra de arte Crown Fountain diseñada por Jaume Plensa.

Queríamos también visitar el punto de referencia del Centro de Chicago, el Buckingham Fountain así que hicimos un alto en el camino en nuestro recorrido por Millenium park, y nos acercamos al Parque Grant, que se encuentra ubicada a escasos metros, para visualizar de cerca la que es una de las fuentes más grandes del mundo. No sabíamos si en los días que estaríamos allí encajaría visitarla por la noche, donde hacen espectáculo de luz y sonido, así que al menos la veríamos de día. Ciertamente, pese a sus dimensiones, tengo que decir que no me causó una gran impresión. Quizás de noche, gane puntos.

Y luego continuamos hasta el Planetario para disfrutar del Skyline de Chicago donde los rascacielos cobraban otra dimensión. Nos encantó pasear por allí y contemplar el centro de la ciudad con la perspectiva que se merece.

DÍA 3.

Llevaba muchos años, quizás demasiados, sin coger una bici. Pero allí descubrí que el dicho ‘esto no se olvida, es como montar en bici’ era real :-). Alquilamos unas bicis en Bike & Roll, ubicada en Navy Pier, y nos dirigimos rumbo al norte bordeando la costa y disfrutando de algunas playas de Chicago como Oak Street Beach o North Avenue Beach. También tuvimos tiempo para volver al planetario y disfrutar, de nuevo del Skyline. Fue una experiencia genial que repetiríamos sin dudarlo.

Con la digestión ya hecha de una de las famosas pizzas de Giordanos, volvimos al parque que ya nos había enamorado y nos sentamos frente a Crown Fountain para admirar de cerca esta maravillosa obra de arte. Los niños corrían y jugaban mojándose los pies por esta plaza y yo no puede evitar imitarles y volver a mi infancia. Allí, el tiempo se detuvo. Luego, nos topamos con un concierto en vivo en el Jay Prizzker Pavilion así que decidimos mimetizarnos con los locales y, con cerveza en mano, disfrutamos de un festival en una tarde de verano. ¿Se puede pedir más?

Ese día cenamos en Le Colonial: un restaurante vietnamita que nos habían recomendado y superó con creces nuestras expectativas. He comprobado si sigue existiendo para recomendarlo por aquí así que si tenéis la enorme suerte de conocer la ciudad no dudéis en reservar allí.

DÍA 4.

Era nuestro último día antes de marchar rumbo a Honolulu y aprovechamos para recorrer el Old District de Chicago donde se encuentra ubicada Water Tower. El contraste de este edificio con los que le rodean es similar al de Saint Patrick’s Cathedral de NYC. Frente a la modernidad de los rascacielos nos encontramos una edificación del S.XIX que se construyó para extinguir incendios y que sobrevivió al Gran Incendio de Chicago unos años después de inaugurarse.

Y como apasionados de las compras, no podíamos marcharnos de allí sin echar un vistazo a la zona comercial en Magnificent Mile en la que esperábamos encontrarnos con la variedad de NY. Obviamente no fue lo mismo, al igual que ambas ciudades tampoco lo son. Nos empeñamos inútilmente en comparar, cuando cada lugar tiene un encanto especial que te invita a regresar y Chicago subió muchos puntos ¿Volveremos?

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